sábado, 18 de septiembre de 2010

PUTA.



No es el reptil
que tienta con su boca ávida
desde el viejo manzano
del bien y el mal.

Ni Lilith,

ni una de tantas
nefandas encarnaciones del pecado.

Ni vedette proletaria,

ni siquiera
la devaluada y tropical
sacerdotisa de Venus
con que desean confundirla
sus dizque adoradores.

Una mujer al uso,

que se toma, se llena,
se quiebra y se repone
como una pieza más en la vajilla cotidiana
de los hombres;
para que la otra,
la, supuestamente, de lujo
jamás se descascare,
se desdore, ni pierda
el precioso y suntuario
estatus que le da la posesión.

Pero, al cabo,

detrás de la falacia,
ambas se sienten
igual que cualquiera de las dos vajillas:
larga y desdeñosamente
usadas
por un cuerpo que jamás comprenderá
a la piel que lo envuelve.

La misma piel que sabe

que hay un sordo desprecio
aun en el fondo del más hondo deseo
y que hay un resto de humillación
en cada entrega.
                                         Carmen Gonzalez Huguet
 

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