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viernes, 24 de septiembre de 2010

HOMO NOVUS

Encontré en la red , red que en vez de atrapar .. Une. Une pensamientos, ideas, conceptos, experiencias, reglas, códigos,etc. un cuadro de Emilio M y lo paso a compartir en este blog porque me ha parecido un lienzo de lo que muchos somos y de lo que Todos podemos Ser.


HOMO SAPIENS
  • INSEGURIDAD Y MIEDO AL FUTURO
  • PASIÓN POR LO INMEDIATO Y POR LO QUE LLEGA A TRAVÉS DE LOS SENTIDOS
  • TEME CONOCERSE Y ACEPTAR EL MUNDO COMO ES
  • VISIÓN UNIDIMENSIONA DE SU EXISTENCIA
  • VISIÓN SESGADA DEL MUNDO. INSEGURIDAD EN EL SISTEMA. FALTA DE SENTIDO
  • LIMITADO / CERRADO
  • PREVISIBLE
  • ENFASIS EN LAS APARIENCIAS HASTA EL PUNTO DE HACER DEL FINGIMIENTO UNA VIDA PARALELA
  • CONSERVADOR
  • TEME A LA FORTUNA Y LE ECHA A CULPA DE SUS MALES, AUNQUE LA BUSCA IRRACIONALMENTE
  • TERROR AL FRACASO, A SER VENCIDO EN UNA APUESTA, AL VENCEDOR
  • MISTIFICACIÓN DE LA VIDA Y DE LA MUERTE
  • PESIMISMO ESTRUCTURAL. OPTIMISMO VARIABLE Y LLENO DE INSEGURIDAD
  • POSIBILISMO CONDICIONADO

HOMO NOVUS
  • CONFIANZA HASTA EN LA INCERTIDUMBRE
  • PASIÓN POR LO QUE DA SOLIDO SENTIDO A LA VIDA Y POR UNA INTENSA VIDA EMOCIONAL
  • SE SIENTE ORGULLOSO DE SI MISMO Y DE LO QUE PUEDE HACER EN EL MUNDO
  • VISIÓN MULTIDIMENSIONAL DE SU EXISTENCIA
  • FUERZA EN LA VISIÓN. EL TODO ORIENTADO E INTEGRADOR DA SENTIDO A LA EXISTENCIA
  • ABIERTO Y CURIOSO / DESCUBRIDOR
  • IMAGINATIVO
  • FE CIEGA EN LOS FUNDAMENTOS QUE ORIENTAN SU VIDA Y SU PROCEDER
     
  • VALIENTE
  • LA FORTUNA ES UNA ALIADA, PERO NO DEPENDE DE ELLA PARA CONQUISTAR SU FUTURO
  • CONFIANZA EN EL TRIUNFO, PERO SIN TEMER EL FRACASO (FUENTE DE SABER)
  • ACEPTACIÓN NATURAL DE LA VIDA Y DE LA MUERTE
  • OPTIMISMO ILIMITADO, AÚN ACEPTANDO LA FRAGILIDAD Y VULNERABILIDAD DE LA VIDA
  • ALEGRÍA INCONDICIONAL                                             Emilio M                                                                          http://homoxnovus.blogspot.com/ 

viernes, 27 de agosto de 2010

RECUPERAR EL PODER



Cuando la gente en su vida les han quitado el poder y han disminuido sus energías, ha llegado el momento de recuperar ese poder, como sea; sea donde sea que la gente les haya quitado su poder, la verdad es que ustedes de hecho han entregado su poder. Quizás ustedes se encuentren en una trampa, pero nadie puede ser atrapado sin su permiso; así que sepan que si se sienten atrapados, ustedes han dado el consentimiento para ser atrapados. Sepan que si ustedes han entregado su poder en una cierta situación, eso fue por elección, y que ustedes hicieron esa elección.
Al tomar su propio poder personal ustedes serán plenamente apoyados por el universo. A medida que absorban su propio poder personal, la energía fluirá a través de sus cuerpos y se les concederán muchos regalos y muchos deseos.  
Hay mucha ira en torno al poder, a la gente que toma su poder, gente que toma lo que ustedes entregan y que por derecho les pertenece a ustedes. A medida que ustedes se permitan a sí mismos y a su espíritu penetrar más y más profundamente en sus cuerpos, ustedes activarán muchas circunstancias y muchas áreas en sus vidas en las que han abandonado su poder personal. Permitan que los sentimientos afloren en sus cuerpos donde ustedes entregaron su poder personal, o donde perdieron su poder personal, y permitan que las memorias regresen a sus mentes. Como niños ustedes eran virtualmente impotentes, todo lo que necesitaban se los tenía que dar sus padres; el instante después de su nacimiento, ustedes no podían caminar, y estaban totalmente indefensos y a su merced. 
Quizás en ciertas etapas de sus vidas ustedes fueron intimidados y ese patrón todavía fluye con sus energías, ustedes son adultos ahora y pueden pararse por sí mismos. No hace falta que sean intimidados; no necesitan encontrarse impotentes en situaciones en las que se les quita la energía – pero el niño en su interior constantemente crea esta realidad. Permitan que ese niño en sus plexos solares sea encontrado, busquen a ese niño en la oscuridad de sus plexos solares, el niño que se siente impotente, que siente que le robaron su autoestima; denle pleno permiso a ese niño o niña de expresar sus emociones como quiera hacerlo. Háganlo un lugar seguro; permitan que lo divino haga que sea seguro para este niño expresarse como él/ella lo quiera hacer.  Con cada día que pase, ustedes se volverán más fuertes y podrán reclamar más y más poder personal, ese poder les pertenece .

Todos los derechos reservados - http://www.kryon.org.za
Título original: Love over power

martes, 17 de agosto de 2010

El Estado del Deseo . Osho

 









Dice el Buda: Examina la naturaleza del deseo. Observa el movimiento del deseo, es muy sutil, y verás dos cosas. Una es que el deseo, por su propia naturaleza, es incolmable, y segunda, en el momento en que comprendes en que el deseo es incolmable, este desaparece y te quedas sin deseos. Ese es el estado de paz, silencio, tranquilidad. Ese es el estado de satisfacción. El ser humano nunca alcanza la satisfacción a través del deseo, el ser humano alcanza la satisfacción, solo al trascender el deseo.
Has de examinar el deseo; ni aquí ni en ninguna otra parte, el deseo se ha visto nunca colmado ni satisfecho. Nunca ha sucedido ni nunca sucederá, porque va contra la naturaleza propia del deseo. El deseo no puede ser colmado, porque su misma naturaleza es quedar insatisfecho y proyectarse en el futuro. Siempre está en el horizonte, al cual nunca llegarás ya que llegues a donde llegues verás que el horizonte ha retrocedido. Y la distancia entre ti y el horizonte seguirá siendo exactamente la misma.

http://oshoespiritual.blogspot.com/2009/10/la-naturaleza-del-deseo.html

domingo, 1 de agosto de 2010

Cortázar.




 
















El argentino que se hizo querer de todos
Por Gabriel García Márquez
   Fui a Praga por última vez hace unos quince años, con Carlos Fuentes y Julio Cortázar. Viajábamos en tren desde París porque los tres éramos solidarios en nuestro miedo al avión y habíamos hablado de todo mientras atravesábamos la noche dividida de las Alemanias, sus océanos de remolacha, sus inmensas fábricas de todo, sus estragos de guerras atroces y amores desaforados.
   A la hora de dormir, a Carlos Fuentes se le ocurrió preguntarle a Cortázar cómo y en que momento y por iniciativa de quién se había introducido el piano en la orquesta de jazz. La pregunta era casual y no pretendía conocer nada más que una fecha y un nombre, pero la respuesta fue una cátedra deslumbrante que se prolonga hasta el amanecer, entre enormes vasos de cerveza y salchichas de perro con papas heladas. Cortázar, que sabía medir muy bien sus palabras, nos hizo una recomposición histórica y estética con una versación y una sencillez apenas creíbles, que culminó con las primeras luces en una apología homérica de Thelonius Monk. No sólo hablaba con una profunda voz de órgano de erres arrastradas, sino también con sus manos de huesos grandes como no recuerdo otras más expresivas. Ni Carlos Fuentes ni yo olvidaríamos jamás el asombro de aquella noche irrepetible.
    Doce años después vi a Julio Cortázar enfrentado a una muchedumbre en un parque de Managua, sin más armas que su voz hermosa y un cuento suyo de los más difíciles: La noche de Mantequilla Nápoles. Es la historia de un boxeador en desgracia contada por él mismo en lunfardo, el dialecto de los bajos fondos de Buenos Aires, cuya comprensión nos estaría vetada por completo al resto de los mortales si no la hubiéramos vislumbrado a través de tanto tango malevo; sin embargo, fue ese el cuento que el propio Cortázar escogía para leerlo en una tarima frente a la muchedumbre de un vasto jardín iluminado, entre la cual había de todo, desde poetas consagrados y albañiles cesantes, hasta comandantes de la revolución y sus contrarios. Fue otra experiencia deslumbrante. Aunque en rigor no era fácil seguir el sentido del relato, aún para los más entrenados en la jerga lunfarda, uno sentía y le dolían los golpes que recibía Mantequilla Nápoles en la soledad del cuadrilátero, y daban ganas de llorar por sus ilusiones y su miseria, pues Cortázar había logrado una comunicación tan entrañable con su auditorio que ya no le importaba a nadie lo que querían decir o no decir las palabras, sino que la muchedumbre sentada en la hierba parecía levitar en estado de gracia por el hechizo de una voz que no parecía de este mundo.
    Estos dos recuerdos de Cortázar que tanto me afectaron me parecen también las que mejor lo definían. Eran los dos extremos de su personalidad. En privado, como en el tren de Praga, lograba seducir por su elocuencia, por su erudición viva, por su memoria milimétrica, por su humor peligroso, por todo lo que hizo de él un intelectual de los grandes en el buen sentido de otros tiempos. En público, a pesar de su reticencia a convertirse en un espectáculo, fascinaba al auditorio con una presencia ineludible que tenía algo de sobrenatural, al mismo tiempo tierna y extraña. En ambos casos fue el ser humano más importante que he tenido la suerte de conocer.
    Desde el primer momento, a fines del otoño triste de 1956, en un café de París con nombre inglés, adonde él solía ir de vez en cuando a escribir en una mesa del rincón, como Jean-Paul Sartre lo hacía a trescientos metros de allí, en un cuaderno de escolar y con una pluma fuente de tinta legítima que manchaba los dedos. Yo había leído Bestiario, su primer libro de cuentos, en un hotel de Lance de Barranquilla donde dormía por un peso con cincuenta, entre peloteros más mal pagados y putas felices, y desde la primera página me di cuenta de que aquél era un escritor como el que yo hubiera querido ser cuando fuera grande. Alguien me dijo en París que él escribía en el café Old Navy, del boulevard Saint Germain, y allí lo esperé varias semanas, hasta que lo vi entrar como una aparición. Era el hombre más alto que se podía imaginar, con una cara de niño perverso dentro de un interminable abrigo negro que más bien parecía la sotana de un viudo, y tenía los ojos muy separados, como los de un novillo, y tan oblicuos y diáfanos que habrían podido ser los del diablo si no hubieran estado sometidos al dominio del corazón.
Años después, cuando ya éramos viejos amigos, creí volver a verlo como lo vi aquel día, pues me parece que se recreó a si mismo en uno de los cuentos mejor acabados - El otro cielo -, en el personaje de un latinoamericano sin nombre que asistía de puro curioso a las ejecuciones en la guillotina. Como si lo hubiera hecho frente a un espejo. Cortázar lo describió así: "Tenía una expresión distante y a la vez curiosamente fija. La cara de alguien que se ha inmovilizado en un momento de su sueño y se rehúsa a dar el paso que lo devolverá a la vigilia.". Su personaje andaba envuelto en una hopalanda negra y larga, como el abrigo del propio Cortázar cuando lo vi por primera vez, pero el narrador no se atrevía a acercársele para preguntarle su origen, por temor a la fría cólera con que él mismo hubiera percibido una interpelación semejante. Lo raro es que yo tampoco me había atrevido a acercarme a Cortázar aquella tarde del Old Navy, y por el mismo temor. Lo vi escribir durante más de una hora, sin una pausa para pensar, sin tomar nada más que medio vaso de agua mineral, hasta que empezó a oscurecer en la calle y guardó la pluma en el bolsillo y salió con el cuaderno debajo del brazo como el escolar más alto y más flaco del mundo. En las muchas que nos vimos años después, lo único que había cambiado en él era la barba densa y oscura, pues hasta hace apenas dos semanas parecía cierta la leyenda de que era inmortal, porque nunca había dejado de crecer y se mantuvo siempre en la misma edad con la que había nacido. Nunca me atreví a preguntarle si era verdad, como tampoco le conté que en el otoño triste de 1956 lo había visto, sin atreverme a decirle nada, en su rincón del Old Navy, y sé que dondequiera que esté ahora estará mentándome la madre por mi timidez.
   Los ídolos infunden respeto, admiración, cariño y, por supuesto, grandes envidias. Cortázar inspiraba todos esos sentimientos como muy pocos escritores, pero inspiraba además otro menos frecuente: la devoción. Fue, tal vez sin proponérselo, el argentino que se hizo querer de todo el mundo. Sin embargo, me atrevo a pensar que si los muertos se mueren, Cortázar debe estar muriéndose otra vez de vergüenza por la consternación mundial que ha causado su muerte. Nadie le temía más que él, ni en la vida real ni en los libros, a los honores póstumos y a los fastos funerarios. Más aún: siempre pensé que la muerte misma le parecía indecente. En alguna parte de "La vuelta al día en ochenta mundos" un grupo de amigos no puede soportar la risa ante la evidencia de que un amigo común ha incurrido en la ridiculez de morirse. Por eso, porque lo conocí y lo quise tanto, me resisto a participar en los lamentos y elogías por Julio Cortázar. Prefiero seguir pensando en él como sin duda él lo quería, con el júbilo inmenso de que haya existido, con la alegría entrañable de haberlo conocido, y la gratitud de que nos haya dejado para el mundo una obra tal vez inconclusa pero tan bella e indestructible como su recuerdo.

miércoles, 30 de junio de 2010

Qué Somos? Brújula o Veleta??


Un hombre hedonista, permisivo, consumista y relativista, no tiene referentes ni puntos de apoyo, y acaba no sabiendo a dónde va, envilecido, rebajado... convertido en un objeto que va y viene, que se mueve en todas las direcciones, pero sin saber adónde se dirige. Un hombre que en vez de ser brújula, es veleta.

Enrique Rojas

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